La zanja

La veo desde el autobús, rompiendo impunemente el continuo espacio-tiempo de la ciudad, como una brecha en la lógica, en la civilización, en la historia: es la zanja. 

Nadie sabe de dónde viene ni a dónde va. Los obreros la alimentan, le rinden culto con sus palas, crean un templo de vallas y luces a su alrededor. Sus jefes les pagan para que lo hagan, claro, porque firmaron un contrato millonario. La empresa contratante se debe a los accionistas. Los accionistas se guían por oráculos que ejecutan siniestras danzas para invocar la lluvia. Y dentro de todas las mentes de todos estos actores, no se sabe en qué momento, en qué segundo exacto, apareció la zanja. 

Solamente sabemos que un día un pico comenzó a levantar adoquines, y debajo esperaba, dormida en el subconsciente colectivo, esperando durante décadas para despertarnos de nuestro sueño de continuidad con su aspecto primitivo y tribal, con su pureza existencial, la indescifrable, la terrorífica zanja. 

La casa

Cuando las virutas de nubes pasando hacían guiñar el sol, diferencias de luz, teatros de sombras, se iban dibujando en las cortinas. El silencio de la tarde era corpóreo, y sólo lo manchaban pequeños crujidos de muebles. Toda la casa daba la sensación de viajar, de ser un barco que atravesaba el tiempo.


Cuando había luna llena, las cortinas eran levemente fosforescentes, fantasmales, y todo el balcón parecía apuntar a la luna como una proa al puerto.


Una vida oculta, minúscula, una segunda vida, transcurría durante la noche. Movimientos, roces, momentos de vigilia, caricias, demasiado calor o demasiado frío. Esta vida, íntima y subterránea, cobraba más sentido por comparación, a medida que la vida diurna se volvía más árida.


Biografías

Gente que va describiendo su vida y descubre que nunca usa la primera persona: "mi novio me dejó", "mi jefe me despidió", "mis padres no me querían", "una tormenta arruinó el tejado". Y aún así no terminan de darse cuenta de que están siendo meros espectadores de sus vidas, de que no son más que un utensilio que todos a su alrededor -los que sí viven sus vidas en primera persona- usan para su conveniencia.

¿Y si las matemáticas estuviesen equivocadas?

A priori, nada nos puede asegurar que son la herramienta correcta para desvelar los misterios del cosmos.


Porque en realidad, ¿qué son las matemáticas, de dónde nacen, qué las sustenta? Yo las entiendo como el estudio estructurado de todo lo pensable por la lógica del cerebro humano. Una especie de andamiaje entorno al cerebro, que básicamente adopta su misma forma.


Y entonces podemos volver a la misma pregunta, planteada de otra forma: ¿quién nos asegura que el cerebro, ese órgano estriado y paliducho que evolucionó para cazar mamuts, debería ser capaz de entender el universo?


Hay quienes las admiran por su coherencia, por su exactitud. Esto es, el cerebro se maravilla delante de un espejo de lo mucho que se parece a si mismo.

En el momento de ir a dormir, me perdono todo.

Me concedo la total absolución, y me impongo la penitencia de intentar hacerlo mejor al día siguiente.

El todo

Si los únicos viajes que tienen algún sentido son los regresos.


Si toda la civilización no es más que una Roma expandida.


Si toda la historia sólo es un vaivén de olvidos y recuerdos.


Si los adultos no somos más que niños hipertrofiados.


Si hasta las cosas más reales sólo son millones de sueños entretejidos.


Si cuando giras es el Universo el que gira alrededor tuyo.


Si cada átomo estuvo en una estrella.


Entonces,


¿Cómo distingues lo grande de lo pequeño?


¿Cómo te distingues del todo?

Los únicos lujos son el tiempo y el espacio.

Si alguien te intenta convencer de que no es así, es precisamente porque quiere que le cedas un poco de tu tiempo o de tu espacio. Huye de esos depredadores que no son capaces de generar su propio tiempo, su propio espacio.

Todo lo que tenemos son esos grados de libertad, que se van perdiendo hasta el día en el que son exactamente cero.